
No dejes de visitar la catedral de sal, si viajas o estas de paso por Zipaquira recuerda pasar por este gran sitio turístico.
La Catedral de Sal de Zipaquirá es un importante destino turístico para los visitantes de Bogotá. Considerada una joya arquitectónica de la modernidad, se trata de una antigua mina de sal que ha sido convertida en una Catedral. Presenta la simbiosis perfecta entre el trabajo del hombre y las hermosas formas creadas por la naturaleza.
Se encuentra construida en las profundidades de las montañas vecinas del municipio de Zipaquirá, donde por siglos la explotación de la sal ha constituido una importante fuente de ingresos para la región. La mina como tal se encuentra ubicada poco más de un kilómetro al norte.
Recorrido
Los primeros tramos de la galería muestran la representación de las 14 estaciones del Via Crucis, en los cuales Jesús es representado como una cruz tallada en roca salina. Tras el Via Crucis se encuentra la Cúpula, que representa la manifestación de lo celeste, denotado por su forma circular finamente tallada y por la luz azulada que la decora.
Unos metros más adelante se encuentra el Coro, llamado así porque es el espacio destinado a la interpretación de música vocal religiosa para las ceremonias que se lleven a cabo en la Catedral. Su forma y ubicación permiten que el sonido se escuche perfectamente a lo largo de la nave principal.
La entrada a la Catedral propiamente dicha la constituye el Nártex, compuesto de tres pasadizos cuyos muros están tallados en roca salina. Tras pasar el Nártex, se puede acceder a cada una de las tres naves de la Catedral: a la izquierda, la Nave del Nacimiento, donde se encuentra el Baptisterio. Los niños bautizados allí deben recibir no agua dulce sino agua de salmuera, para evitar que se descomponga la pila bautismal que, como es de esperarse, esta tallada en roca salina. En el centro, se encuentra la nave principal, la Nave de la Vida, donde está el altar mayor y la Cruz, la más grande tallada en roca salina en el mundo, y que ofrece efectos visuales sumamente interesantes. Finalmente, a la derecha, la Nave de la Muerte, bañada por una luz violácea y que nos recuerda que de la tierra venimos y a ella hemos de volver. El recorrido termina con las Escaleras de la Penitencia, una serie de empinados escalones que llevan a la galería del Via Crucis y al mundo exterior.







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