
El concepto “atendido por su propietario” adquiere el más noble significado para quien se hospeda en una posada turística colombiana. La atención calida, espontánea y sincera que recibe un huésped por parte de la familia o pareja encargada de la posada, no tiene nada que envidiarle a la que ofrecen los grandes hoteles de cadena.
En ellas se canjea el confort de cinco estrellas por una experiencia de vida. La riqueza natural, cultural, gastronómica y humana en la que se sumerge un huésped en estas acogedoras viviendas donde a cambio de lujo se ofrece la oportunidad de conocer de primera mano una región, su gente y sus costumbres, es una aventura que alimenta todos y cada uno de los sentidos.
Quien emprende la aventura de viajar por Colombia, hospedándose en estos espacios auténticos, que despiertan la sensibilidad de quien los vive, seguramente sucumbirá ante la magia de siete colores del delirante archipiélago de San Andrés, se perderá en el límite casi imperceptible entre el desierto de sal y el mar de la Guajira, renacerá a través del misticismo que encierra la Sierra Nevada de Santa Marta y se conmoverá con el esplendor natural del paraíso chocoano.






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